lunes, 18 de julio de 2011

Usa el INAH método de restauración no validado en los restos óseos de los héroes

Silvia Isabel Gamez / Agencia Reforma

Ciudad de México

Utilizado por el INAH en la conservación de los huesos de los héroes de la Independencia, se desconoce cómo puede afectarlos con el paso del tiempo.
Desarrollado por la restauradora Luisa Mainou, este método mixto consiste en un remineralizante, el Reconos 110, y un consolidante, el Reconos 220, que detienen la pulverulencia del hueso y lo dotan de mayor dureza y resistencia.

Aunque es empleado desde hace algún tiempo por investigadores del INAH, del Reconos no existen estudios ni reportes científicos publicados sobre cómo interactúan sus componentes con el hueso ni sobre sus resultados a largo plazo. Esto ha impedido que el método sea evaluado, validado, contrastado o criticado, y que pueda ser conocido en otros países.

Puesto que el INAH mantiene la información bajo reserva, se ignora en qué materiales fue probado antes de utilizarlo en los restos históricos de los héroes, y por qué se decidió emplearlo en lugar de otros consolidantes que han demostrado su eficacia y cuyos efectos pueden ser controlados.

Alejandro Terrazas, miembro del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, fue uno de los primeros que utilizó el Reconos por consejo de Mainou. Hace siete años lo aplicó a esqueletos de 11 mil a mil años de antigüedad, procedentes de cenotes y cuevas sumergidas.

“Se nos craquelaron”, recuerda el antropólogo físico. “Obtuvimos resultados dispares. En algunos casos se produjeron cristales en los espacios interiores, y eso es muy peligroso, porque si crecen rompen el hueso, y en otros hubo cambios de textura”.

Por esta razón, Terrazas probó con el químico Manuel Reyes García otro consolidante, al que define como “un pariente” del acetato de polivinilo, mejor conocido como resistol blanco, uno de los productos más utilizados en la restauración de restos óseos. “No es que (el Reconos) haya fallado”, subraya, “porque detuvo la degradación del hueso, pero no garantizaba su perduración a largo plazo”.

Sólo al cabo del tiempo se podrá saber, agrega, si el Reconos funcionará con los restos de los héroes, que en los meses de julio y agosto de 2010 fueron restaurados por un equipo de especialistas del INAH dirigido por Lilia Rivero Weber, coordinadora nacional de Conservación del Patrimonio Cultural. En septiembre de ese año, la propia funcionaria afirmó en entrevista que sería en 2011 cuando buscarían la certificación internacional del producto.

“Si nos hubieran consultado”, dice Terrazas, “les habríamos pasado nuestras observaciones y hubieran podido decidir si lo aplicaban o no (a los héroes), pero nunca nos preguntaron”.

Desde Guadalajara, el químico y restaurador Francisco Mederos-Henry es tajante al afirmar que no existen “productos maravilla” en el mercado y que incluso los más probados pueden fallar.

“Pero a un nuevo producto es indispensable que se le haga una serie de tests de rutina: se aplica en probetas, se envejece artificialmente, se mide la dureza y, después de eso, se hace una evaluación y se emite una hoja técnica”, explica. “Si las pruebas de envejecimiento acelerado, que son indispensables, no se hicieron, ahí sí hay una falla, un problema”.

La Casa Santiago, fabricante del Reconos, no incluye en la información que proporciona a sus compradores si estos estudios se llevaron a cabo, y en entrevista, uno de sus propietarios, Agustín Santiago, descarta que se hayan hecho.
Uno de los escasos materiales que aborda las propiedades del producto es una investigación experimental de la restauradora Maia Garay: Análisis comparativo de tres sustancias para la consolidación del hueso: Paraloid B72, Reconos 110 y 220, y calcio, disponible en la biblioteca de la ENCRyM.

La mayor parte de la información incluida sobre el Reconos, precisa la autora en el trabajo realizado en 2008, se obtuvo por “comunicación oral” con Mainou, debido a la falta de estudios publicados. “Esto es una desventaja”, anota, “para investigar estos consolidantes y sustentarlos, pues no tienen un referente bibliográfico”.
Para el análisis, Garay utilizó 27 muestras de un esqueleto humano descontextualizado procedente de Metepec. En sus conclusiones afirma que los resultados logrados con el Reconos son casi equiparables a los del Paraloid B72 en cuanto a resistencia y soporte estructural, pero la falta de información, considera, “impide su utilización por cuestiones de criterio y ética profesional”.
“¿Existe mejor validación que la práctica?”, pregunta la investigadora de la Dirección de Antropología Física del INAH Josefina Bautista, aunque tampoco ella sabe qué sucederá en el futuro con los restos óseos de mamut a los que aplicó el producto. “Cinco años no es nada, pero no me han reportado ninguna alteración ni deterioro. Es lo que hasta ahora sabemos del Reconos”.

El investigador del Centro INAH Quintana Roo, Allan Ortega, comenzó a utilizar el Reconos en enero para eliminar los materiales minerales adheridos a restos óseos procedentes del sitio de Oxtankah, de 800 a 900 años de antigüedad.

“A mí me gusta el producto y le veo mucha utilidad”, señala. “Pero no lo usaría en restos acuáticos, de pantano, o de contextos sumergidos. Ahí tendría más cuidado. En materiales de contextos secos podría utilizarlo, pero no si están bien conservados”.
Sobre el grado de deterioro de los huesos de los héroes, que padecieron la humedad y el abandono desde que fueron depositados en la Catedral Metropolitana en 1823 hasta que más de un siglo después fueron trasladados al contexto más seco de la Columna de la Independencia, no hay un acuerdo entre el propio equipo que estuvo a cargo de su conservación y estudio. Mientras que el bioarqueólogo Jorge Arturo Talavera asegura que su estado era de regular a bueno, Rivero Weber sostiene que estaban pulverulentos.

Durante meses, Reforma buscó a Mainou y a Rivero Weber, que pospusieron, cancelaron y finalmente negaron una entrevista con este medio.

El Sur, 18 de julio de 2011

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