miércoles, 12 de septiembre de 2012

Sobre Agustín Ramírez

Yo, ciudadano
Agustín Ramírez: ¿otra oportunidad?
Gustavo Martínez Castellanos

El año pasado fui invitado a participar en la conmemoración de la fecha luctuosa de Agustín Ramírez en Chilpancingo. A pesar de lo subrepticio de la invitación pude recopilar algunos documentos que giran en torno a éste nuestro gran compositor (es imposible decir “hablan de él” porque casi toda la bibliografía existente concede más espacio a una visión de época). Con ese material pude formarme una idea aproximada de la sociedad guerrerense de la primera  mitad del siglo anterior que se movía entre una idea de sí misma y la idea de dominio de los gobiernos emanados de la revolución. Y, por supuesto, como parte de su proyecto de conformación nacional.
Un dato llamó mi atención de la biografía de Agustín Ramírez: que a los 12 años ingresara a la vida militar con el grado de Teniente en las filas revolucionarias de Guerrero.
Herminio Chávez (IGC, Ayuntamiento de Acapulco. 1989) nos entrega brevemente un repaso a esa etapa: “El jefe revolucionario que se había adueñado de la plaza (la familia del compositor vivía en Atoyac y Agustín acababa de regresar de Acapulco) estaba urgido de un telegrafista, pues el jefe de la oficina había huido temeroso de los desmanes de los alzados. Como en el pueblo no había otro más que Agustín, se le expidió el nombramiento de Teniente del ejército rebelde y telegrafista de la corporación”. El texto no informa cuánto tiempo Agustín pasó en la milicia, pero detalla parte de su experiencia: “Se inició así un peregrinar que lo llevó de los cálidos y húmedos litorales, a las no menos cálidas y secas explanadas de la Tierra Caliente, atravesando la fría y abrupta Sierra Madre del Sur en un permanente deambular a lomo de mula, lento, penoso y peligroso, conociendo los escondites preferidos de los revolucionarios, los cañones de los torrentosos afluentes del río de las Balsas, la inacabable cordillera de picachos nunca hollados por el hombre, admirando los gigantescos abetos y pinos que daban marco a aquel paisaje jamás soñado”.
El texto tampoco informa sobre la forma en que los padres del compositor de 12 años reaccionaron ante la petición de los rebeldes de hacerlo su telegrafista. Tampoco dice si el flamante teniente participó en escaramuzas o en batallas con otro instrumento que no fuera su teclado de clave Morse. A un siglo de distancia si aún se nos escapa la vida del hombre, no es imposible que no se nos escape la del niño y su entorno
Nos queda, en cambio, la certeza de que el ascenso del PRI fue el medio idóneo para la difusión de su música como parte de un proyecto educativo cultural que Agustín aprovechó para enaltecer a Guerrero: el nacionalismo.
Hoy, con el PRI de regreso en los Pinos y ya que los gobiernos panista y perredista lo han condenado al olvido, Agustín Ramírez y su música ¿tendrán otra oportunidad?
No lo sabemos. Víctimas de una etapa de turbulencia social y de violencia desatada similar a la que él vivió hace un siglo, quienes apreciamos su profundo legado nos conformaríamos con que el Comité de Remodelación del Acapulco Tradicional no vaya a demoler la Rotonda de Acapulqueños Ilustres en donde sus restos descansan por fin junto al mar y a unos metros del barrio en el que naciera. Acapulco y Guerrero se lo deben, sobre todo, nuestra Historia local cuya deuda con él, si es no sólo por su música si por su entrega a la causa de la revolución desde su más tierna infancia y desde las aulas en las que también dejó un profundo legado.
Nos leemos en la crónica: gustavomcastellanos@gmail.com

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