martes, 9 de abril de 2013

Compendia Samuel Villela la historia de 160 años de fotografías de Acapulco

El Sur, 09 de abril de 2013

Aurélie Daly

El etnólogo Samuel Villela Flores, presentará hoy dentro del Seminario Permanente de Estudios sobre Guerrero del Instituto Nacional de Antropología e Historia su último trabajo en curso, un proyecto de investigación sobre el paralelismo entre el desarrollo de la fotografía y el devenir de Acapulco, en un libro titulado De la villa de Acapulco al Acapulco del Jet Set, 160 años de fotografía en el puerto, cuya publicación está prevista para el fin del año.

Explicó que hace 30 años, el gobernador José Francisco Ruiz Massieu le pidió a través de la delegación de Antropología que hiciera una visita a un coleccionista de fotos de Acapulco, para realizar un libro sobre la foto en el puerto, pero que el proyecto se quedó ahí. Sin embargo, le “entró el gusanito. A lo largo de 30 años, coleccioné fotos de Acapulco, tengo alrededor de mil postales que encontré en tiendas de antigüedades, en mercados de la ciudad de México”, confió y precisó que el acervo Casasola de la fototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), contiene alrededor de 800 fotos de Acapulco.

Destaca varias etapas en el desarrollo de la fotografía que corresponden cada una a un cambio social, político o histórico del puerto, desde los daguerrotipos a mediados del siglo XIX, hasta la era digital, hoy.

Explicó, en entrevista, que en 1840, llegan los primeros daguerrotipistas por el puerto de Veracruz, y precisó que siempre las novedades llegaban por los puertos, por lo que llegaron los primeros aparatos fotográficos y con ellos los pioneros de la fotografía en Acapulco en la segunda mitad del siglo XIX. La primera imagen que se tomó de Acapulco fue un daguerrotipo de Robert H. Vance, de 1851, ahora exhibido en una galería de Nueva York. De hecho, en el catálogo de las obras que se encuentran en la galería, hay dos fotos de Acapulco que representan a la bahía. “La de Vance no la ví, la de Muybridge, sí”, precisó.

De ahí empezaron a llegar viajeros con un interés antropológico, durante toda la segunda mitad del siglo XIX, entre los cuales Augustus Le Plongeon y Eadweard Muybridge, éste último conocido por su cliché de la bahía en 1875. “Hizo un recorrido por todo el Pacífico y también llegó a Acapulco, tomó una panorámica, muy parecida a la de Vance”, dijo.

Asimismo detalló que Maudslay (Lord Alfred Percival Maudslay), un científico inglés viajero que llevaba un registro de los sitios arqueológicos en México, hizo una parada en Acapulco en 1885 y tomó una foto de una lancha con vendedores de frutas. Precisó que la tomó desde la orilla del barco en el que viajaba, ya que no bajó de su embarcación.

Constató que hasta ese momento todas las fotos de Acapulco habían sido realizadas por extranjeros.
El cambio, explicó, llegó al principio del siglos XX cuando empezaron a aparecer fotógrafos locales como J.J. Pintos que tomó la foto de una chica en vestido en 1910. Precisó que en la Enciclopedia guerrerense, fechan esta foto de 1918 pero no es cierto ya que el formato usado es anterior a esta fecha.
En su investigación, el etnólogo se enteró de que el primer álbum de la Revolución Mexicana, injustamente atribuido a Agustín Víctor Casasola en 1921, fue en realidad una producción de la casa comercial de William McCann Hudson y Romana Billings, empresa alemana de postales radicada en Acapulco, que publicó Revolución evolucionista de México, en 1911, después de la batalla que se llevó a cabo en el puerto el 10 de mayo 1911, un día después de la batalla de Juárez, es decir 10 años antes de Casasola. “Hubo una trascendencia de Acapulco en materia fotográfica. Este álbum de la Revolución es el primero en todo México”, declaró.

En este mismo álbum se pueden observar la primera foto del cañonero de los demócratas y el cañonero de la primera intervención de la Marina en México, así como fotos de los generales Enrique y Pantalón Añorve y Silvestre Marsical, que fue gobernador de Guerrero, e imágenes de la guarnición porfirista del Fuerte San Diego, tomadas por J. J. Pintos. “En estos álbumes, hay una tradición en la foto mundial del XX cuyo propósito era conservar la memoria de los grupos de las familias”, precisó.
El siguiente cambio crucial en la actividad de Acapulco, será la construcción, en 1927, de la carretera entre México y Acapulco, que inaugura el despegue turístico del puerto y con él, los grandes fotógrafos de la época que son los locales, Marroquín, Navarro y Pintos. Las tomas representan “a los barcos, la gente, las playas y la bahía, es la estética que tienen con un manejo muy depurado en blanco y negro”, dijo.

En los años 1950, se revolucionó el ámbito fotográfico con la aparición de las postales a color de los estadunidenses, Mark y Ella Turok.

Destacó la figura de Lola Álvarez Bravo, una de las primeras mujeres fotógrafas después de la Revolución, en los años 40, que recibió un premio por parte de la compañía de cementos La Tolteca, lo que marcó la relevancia artística en el mundo de la fotografía de una mujer. Comentó que fue muy influenciada por la fotográfa italiana Tina Modoti y que con el escritor Francisco Tario, realizaron un libro de fotografías de Acapulco, titulado Acapulco en el sueño, publicado en 1951. Insistió en que se reeditó el libro en los años 1990 a 20 mil ejemplares, lo que es mucho ya que en general se edita a mil o 5 mil. Consideró que Lola Álvarez Bravo llevó innovaciones en la forma de hacer fotos, con una construcción de la imagen innovadora, más acercamiento, más detalles y los primeros desnudos en Acapulco

Explicó cómo se dio la siguiente etapa, en los años 50, con los cambios que ocurrieron en Acapulco, como la construcción de la Costera, que tuvieron como consecuencia una importante producción fotográfica.

La ruptura surge con Ricardo Garibay, escritor y fotógrafo, que publicó un libro titulado Acapulco en 1978, crónica foto literaria, como un reportaje. “Es muy diferente a lo común, enseña la pobreza, los barrios, representa un rompimiento con los estereotipos turísticos, otra forma de ver la realidad”, comentó y agregó que es una “foto testimonial, contestataria, (que surge) a partir del movimiento estudiantil de 68”.

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