viernes, 4 de marzo de 2011

Habla investigador sobre la vida de Zapata y su relación con Madero

Anarsis Pacheco Pólito

“Es una virtud ir a los lugares más recónditos, para poder difundir la historia del país”, señaló Salvador Rueda Smithers, director del Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, en su visita al Museo Regional de Guerrero.
Esta fue la tercera sesión de la Cátedra Ignacio Manuel Altamirano en Antropología e Historia de Guerrero, en la que se ofreció la conferencia titulada Madero y Zapata una difícil relación.

La visita de Rueda Smithers fue organizada por el Museo Regional de Guerrero, con la finalidad de conocer de cerca la relación que existía entre Francisco I. Madero y Zapata.

El historiador expresó que el estado de Guerrero es de suma importancia en la historia, ya que aquí fue donde se definió la lucha sureña, y aún más importancia es la ciudad de Chilpancingo, ya que aquí se realizó un ensayo para la revolución.
En la sesión se contó con la presencia de Amparo Sevilla, coordinadora del INAH Guerrero, quien explicó que este tipo de sesiones son importantes porque pueden ayudar a aclarar nuestra idea bizarra de la historia, además de alimentar la cultura.
Como primer punto de la Cátedra, Salvador Rueda abordó la ideología de Zapata, su vestimenta y sus diferentes imágenes, las que se fueron modificando a través del tiempo.

“Zapata fue un hombre que no se dejó retratar mucho, pero los pocas veces que se le logró captar, siempre fue vestido de charro”, señaló el historiador.
Rueda Smithers, indicó que Zapata nunca se vistió de pantalón de manta, huaraches y sombrero de palma; al contrario, su vestimenta siempre fue de un charro, con sus botas, espuelas y un gran sombrero.

“Zapata jamás se vistió de militar, o de cotón, siempre fue un charro; así como lo imagina la mayoría de los extranjeros”.

Salvador Rueda señaló que la investigación que realizó, y posteriormente mostró en esta conferencia, se realizó a partir de una carta envida en 1909, en donde Francisco I. Madero señala a Porfirio Díaz que resultaría peligroso no cumplir con su promesa de permitir la libre contienda electoral.

El historiador explicó que Madero, sin saber, adelantaba que Morelos podría ser una figura histórica; lo que finalmente sucedió en 1911, pero “por caminos mucho más arduos y con él como uno de sus trágicos protagonistas”.

Rueda Smithers retomó la vida de Emiliano Zapata desde la idea de que el caudillo era conocido como un bárbaro que amenazaba la ciudad donde nació, y que en las primeras semanas de vida revolucionaria, se dibujaba como el héroe justiciero, y hacia finales de 1911 se fue construyendo la imagen que exigía a Francisco I. Madero el cumplimiento del Artículo 3 del Plan de San Luis.

El maestro Salvador Rueda explicó cómo la historia sigue lógicas implacables, y una faceta diferente de la relación que vivieron estos dos revolucionarios.

El historiador afirmó que se perdió el puente de comunicación entre los zapatistas y maderistas con la muerte de Azunzo, ya que éste era el que funcionaba de interlocutor de ellos; y después de su fallecimiento, Zapata se negó a remplazarlo, lo cual hizo perder total acuerdo entre los dos bandos.

Explicó que en el libro Los últimos días de Francisco I. Madero, que escribió Felipe Ángeles, declaró que Madero aceptó que los zapatistas tenían razón, y él había cometido un error al no escucharlos.


El Sur, 04 de marzo de 2011

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