miércoles, 9 de febrero de 2011

Los últimos días del general Cárdenas



Escrito por Ángel Ramírez Ortuño

HUETAMO, MICH. Nacido el 21 de mayo de 1891 en Jiquilpan, Michoacán, el pequeño Lázaro Cárdenas del Río proviene de una familia compuesta por su padre don Dámaso Cárdenas Pinedo y doña Felicitas del Río Amezcua, y él será el mayor de 8 hermanos, tres de ellas mujeres, (Angelina, Josefina y Margarita); y cuatro hermanos (Dámaso, Alberto, Francisco y José Raymundo), y su juventud se verá involucrada por los avatares de la Revolución Mexicana, dado que para 1914 se une a ella y diez años después logra el grado de general de brigada.

Su carrera siempre ascendente lo llevará a ocupar altos cargos de responsabilidad nacional, de tal forma que entre los años de 1928 a 1930 se desempeñará como gobernador del estado de Michoacán, luego será secretario de Gobernación en el gabinete del presidente Pascual Ortiz Rubio y enseguida dirigente del Partido Nacional Revolucionario, y así, hasta alcanzar la presidencia de la República en 1934 -1940 y después se haría responsable por muchos años de la Comisión del Río Balsas.
En Huetamo, una familia como la de los Sánchez Pineda, en especial la señora Margot Martínez Sánchez, tuvo el gran privilegio de tratar muy de cerca al general Lázaro Cárdenas del Río y a su familia, por eso, al tener la oportunidad de curiosear entre su extenso álbum fotográfico familiar, nos llamó la atención una fotografía tomada el día 21 de mayo de 1970 por el ingeniero Carlos Corona, colaborador cercano del general y esposo de Margot.

En la confianza que nos prodigaba la señora Martínez Sánchez explica que la foto fue tomada el día en que el hombre de Jiquilpan cumplía 75 años de edad, entre un paraje oaxaqueño de Tonalá y El Cardonal, y donde con una navaja el Divisionario marca en el tronco de un árbol la fecha de su cumpleaños, pero no había ambiente para festejos, reconocimientos ni nada parecido, dado que ese día Cárdenas sufrió una fuerte crisis de agudos dolores que lo mantuvieron alejado de todo contacto en fecha tan significativa.

Se apartó de todos y se refugió en un remoto punto de la serranía de Oaxaca, y por ese motivo no acudió a una comida que se le ofrecían en la comunidad de Chilacahuapan, donde era esperado por autoridades civiles, militares y eclesiásticas, y ese evento quedó para mejor fecha, mientras tanto Cárdenas regresaba a México lacerado por su enfermedad terminal y sería hasta el día 21 de junio del mismo año cuando de nueva cuenta regresaba a Oaxaca y aceptaba una comida ofrecida por la huetamense Margot Martínez, dama de compañía de doña Amalia Solórzano, originaria de Tacámbaro.

Esa fecha fue inolvidable -recordaba doña Mago- como se le conoce mejor en Huetamo, donde su señora madre doña María Sánchez Pineda inauguró en los años cuarentas el famoso hotel Palmas, sitio predilecto del general para descansar en sus constantes visitas a Huetamo y que a veces cambiaba por la tranquilidad y retiro de la casona árabe del centro de la ciudad y propiedad de su gran amigo Juan Abraham Salgado, al que conociera en 1929 en pleno centro de la ciudad tripulando un carro último modelo.

Cosas de la vida -señalaba Juan Abraham- pues dada su fina amistad con este corresponsal explicó que su padre, don Julián Abraham, había embarcado desde México un coche para él, y que el recorrido fue por tren de México a Cuernavaca, Iguala y Balsas, Guerrero, donde fue bajado de un tren y metido a un barco de madera que en tres días lo trasladó hasta el puerto de Ziritzícuaro, donde se tuvo que abrir una brecha para llevarlo a Huetamo sobre un tramo de cerca de 20 kilómetros.
Cárdenas, quien en 1929 era gobernador de Michoacán, recorría a caballo la región de Tierra Caliente y al arribar a Huetamo se quedó maravillado de ver que un joven daba vueltas en el jardín de Huetamo en un carro del año, mientras que él, la máxima autoridad, sólo podía viajar en los lomos de un caballo, pero cuando supo que se trataba del hijo del rico comerciante libanés, Julián Abraham Hanna, sólo atinó a ir a visitarlo y pasar unas horas bajo una hermosa mezquita árabe construida en 1924 en pleno corazón de Huetamo.

Pero doña Mago, desde la ciudad de Yautepec, Morelos, donde reside actualmente, seguía dando detalles de aquella foto y dijo que a un costado de él estaba su señora madre doña María Sánchez Pineda, y a más allá el ingeniero Báez, responsable de la construcción de la carretera nacional México- Toluca- Morelia, mientras que a la izquierda del general estaba el cura del pueblo y de esa forma festejaban por fin el 75 aniversario del natalicio del famoso michoacano universal.

Con el corre de los días, Cárdenas aún tuvo alientos para regresar a Huetamo, eso sucedía en el mes de agosto del año de 1970, y se dio el gusto y placer de visitar por última vez la huerta de Tomatlán, un paradisiaco lugar propiedad de su amigo Juan Abraham, y entre otras personas lo acompañaba un periodista de Excélsior y Vicente Godínez Zapién, quien años después sería el director del periódico Cambio de Michoacán.

Herido de muerte, Cárdenas regresó a su casa particular de la calle de Andes, en Bosques de las Lomas, Distrito Federal, sitio en que gustaba de escuchar de vez en cuando el violín de Isaías Salmerón, y lugar donde finalmente murió el día 19 de octubre del citado año del 70, y noticia que al darse a conocer conmovió al país, pero en especial a los pueblos de Tierra Caliente, donde lo consideraban un apóstol del agua y de los árboles, y donde construyó puentes, caminos y presas y la gente lo amaba.

Muerto el general Cárdenas, la cuenca del Balsas lo recordaría siempre colocando su nombre a parques, jardines, escuelas, calles y avenidas, y en su memoria queda para la posteridad una gigantesca cabeza de piedra esculpida con la semejanza de su rostro que se localiza entre Tlapehuala y Arcelia, por eso, al observar esa foto del 21 de mayo de 1970, quisimos, por solicitud de esta sección especial recordar al inolvidable general Lázaro Cárdenas del Río.

Despertar del Sur, 09 de febrero de 2011

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